“Todas las familias son disfuncionales estándar”, dice Macarena Miguel, y su nueva película, Terapia Familiar, lo demuestra. En la cinta, que se presentó en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato, interpreta a Ana, la hermana mayor que, como un ancla, intenta mantener unida a su familia mientras lidia con sus propias heridas.

En esta charla, Macarena nos sumerge en el proceso de construcción de su personaje, revela los ejercicios de miradas y silencios que realizó con la directora Mariana González, y comparte cómo su propia experiencia como madre y su formación académica han moldeado su carrera.

Para empezar, hablemos de Terapia Familiar. Has dicho que “todas las familias somos disfuncionales, estándar”. ¿Qué fue lo que más te resonó de su historia, lo que compartes con Ana, y qué crees que la hace tan universal para el público?

Lo que más me atrapó de Terapia Familiar fue el poder contar la historia de una familia común y corriente que tiene problemas, pero que también tiene un gran amor y respeto, aunque con ciertas carencias en lo personal y lo emocional. Eso fue lo principal.

Por otro lado, lo que tengo en común con Ana es que las dos somos las hijas mayores. Es un personaje súper profundo que, por ciertas heridas de la infancia que no llegó a sanar, carga con traumas. Por eso se hace la dura, le cuesta mantener una relación de pareja y todo el tiempo está sospechando que algo está pasando. Es la que empieza a leer entre líneas los problemas de todos los personajes: se da cuenta de que hay un tema con su mamá, de que su hermano Emilio no está bien, de que Fer, su hermana, no está bien.

Macarena Miguel

Es un poco, digamos, el ancla de la familia, la que quiere resolver todo. Y yo soy un poco así; también me compro problemas que no son míos, quiero que todo el mundo esté feliz y a ratos me vuelvo una persona complaciente, que todo el tiempo quiere que todos estén bien y resolver los temas en su familia. Eso fue lo que más me atrapó de Ana y lo que más comparto con ella.

Y lo que hace universal esta película es que, yo creo, todos somos familias disfuncionales estándar. No hay familias perfectas ni personas perfectas, solo gente común que tiene problemas, que no sabe cómo resolverlos y que le cuesta trabajo comunicarse; digo, unos más que otros. Pero creo que este tema de que todas las familias, por más perfectas que parezcan o quieran parecer, siempre esconden algo por ahí: hay secretos o no se llevan tan bien como dicen. Entonces, creo que todos nos podemos identificar con esta película, y más porque cada personaje tiene algo muy suyo, algo muy, muy real y auténtico, que hace que tú, como espectador, puedas identificarte con alguno de ellos.

La película explora esos “silencios” y la dificultad de comunicarse en las familias mexicanas. ¿Cómo fue ese proceso para construir a Ana con la directora Mariana González?

Pues mira, el proceso fue maravilloso. Tuvimos la oportunidad de hacer casi dos meses de trabajo de mesa antes de empezar a filmar, porque Mariana, lo que más quería —y su objetivo principal— era que se viera una familia real; que cuando estuvieras sentado viendo la película, pudieras decir: “Ah, no, si son hermanos, seguro”. Porque, al final de cuentas, a veces en producción es bien difícil poder mostrar una familia que se sienta como familia, ya que normalmente no hay tanto tiempo para trabajar antes de las filmaciones.

Y justo me acuerdo mucho de un ejercicio que hicimos, precisamente hablando de los silencios y de las miradas: era leerle la mente al otro. Mariana llegaba contigo y te daba una intención o una emoción en secreto, y entonces tenías que, sin hablar, sin moverte, solamente con la comunicación de los ojos, transmitirle al otro lo que estabas sintiendo. Ese ejercicio para mí fue crucial, porque nos hizo aprender a leernos la mente de alguna manera y poder comunicarnos más allá de los gestos y de las palabras.

Macarena Miguel

En la película compartes con Dominika Paleta, quien interpreta a tu madre. Has contado que ella les abrió las puertas de su casa para ensayar y convivir, recibiéndolos “con comida recién hecha”. Como actriz y como madre en la vida real, ¿cómo se construye esa química y esa relación de “madre-hija” en la ficción cuando hay una conexión tan genuina detrás de cámaras?

Desde mi punto de vista, la química se construye con vulnerabilidad: el poderte abrir al otro de una manera en la que no te importe que te vean tal cual eres. Creo que lo primordial, antes de entrarle al personaje, es que tú, como persona, tengas una confianza y una comunicación con tu compañero actor, sobre todo en estos papeles que son tan íntimos y con relaciones tan personales.

El poder entablar esa química, esa comunicación, el que hubiera apertura de ambos lados… eso ayudó muchísimo. Y como dices, más allá de que Domi nos abriera la puerta de su casa para ensayar, fue esta parte de, pues sí, ambas volvernos vulnerables y el poder conectar de una forma distinta. Yo en ese momento también acababa de ser mamá, entonces ayudó mucho en esa parte de entendernos, el compartir algo más que la actuación.

Para mí eso fue muy especial con Domi. Es una persona generosísima y una actriz generosísima, y eso no siempre va de la mano: puede ser una persona muy generosa, pero no necesariamente un actor generoso. Entonces, el encontrar esa virtud en las dos facetas de Domi ayudó muchísimo a que se pudiera construir esa relación.

“Terapia Familiar” es un road trip con toda la familia. Hablando de viajes, si pudieras hacer un mapa de tu carrera, ¿cuáles serían las tres paradas obligatorias que definieron a la actriz que eres hoy?

La primera parada, que fue la que a mí me abrió el mundo un poco de la actuación, digo, aunque ya había hecho proyectos antes, fue Sueños y Caramelos, definitivamente. Ese fue muy importante en mi carrera como actriz infantil. Ahí estuve en una novela con un papel importante durante nueve meses filmando en Televisa. Entonces, ese es el primero.

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Luego, la segunda parada, exactamente, yo creo que es Violetta. Ese fue el proyecto que me regresó. Yo, más o menos a los 15 años, decidí dejar la actuación. Entré en la adolescencia y quería hacer lo que hacían mis amigas: quería salir, quería conocer otras cosas, lo cual también me ayudó muchísimo en otros ámbitos de mi vida, pero en ese momento lo dejé. Y Violetta fue el proyecto que me regresó a la actuación. Me acuerdo muy bien que me hablaron para el proyecto y yo le lloraba a mi mamá y le decía: “Es que no sé qué quiero hacer, no sé si quiero volver a actuar o no”. Y al final tomé la decisión de hacerlo y, por supuesto, no me arrepiento. Violetta fue un proyecto increíble que no solamente me abrió las puertas de muchas casas, porque fue un proyecto exitosísimo a nivel mundial, sino también el hecho de vivir sola a los 18 años en Buenos Aires y conocer gente tan diversa que hoy quiero como a mi familia; lo agradezco enormemente.

Y la tercera parada, que no necesariamente es de los proyectos más recientes, pero que fue justo mi transformación de actriz infantil a actriz adulta, a tener que interpretar a una mujer, fue Run Coyote Run de Gustavo Loza. Gus me abrió las puertas para hacer ese personaje, me invitó, lo cual agradezco en el alma, porque el personaje de Tere fue un parteaguas en mi carrera. Ese proyecto me hizo compartir con actores que yo admiraba desde siempre: Harold Torres, Norma Angélica, Silver Palacios, Noé Hernández, entre muchísimos otros. Ese nivel de actores es con los que quieres compartir escena, porque son a los que más les aprendes. Fue una clase de actuación.

Has transitado por géneros muy distintos, desde la comedia en “Cómo cortar a tu patán” hasta el drama en “La Desalmada”. ¿Hay algún género, formato o tipo de personaje que aún te quite el sueño y que estés esperando que te llegue? ¿Qué te gustaría explorar que aún no hayas hecho?

Sí, la verdad es que he tenido la oportunidad de, como dices, transitar por distintos géneros y personajes, y también por diferentes formatos. A mí eso me llena muchísimo: el poder pasar de hacer una novela, a después hacer cine, a después hacer una serie. En fin, o sea, el transitar por eso para mí es súper enriquecedor, y cada uno de ellos me enseña cosas distintas.

Definitivamente tengo asignaturas pendientes, principalmente el teatro. No he tenido la oportunidad de actuar en un escenario desde que salí de la escuela, y es una espinita que cargo siempre. Por otro lado, también me gustaría regresar un poco a la comedia; hace mucho que no hago comedia y la disfruto enormemente. Sinceramente, me cuesta de repente porque tengo una risa muy fácil y me tentó, como decimos los actores en escena, pero la verdad es que disfruto mucho hacer comedia. También el drama me fascina. Amo llorar con todo mi corazón.

Macarena Miguel

Entonces, creo que más allá de un formato en particular o de un personaje, me gustaría algo que me rete, que fuera un proyecto distinto, algo que no he hecho anteriormente. No sé, siempre he pensado que me encantaría hacer el personaje de una persona con una psicopatía, sobre todo por el reto tan grande que implicaría: salir de mi zona de confort. Me gustaría tener un personaje con el que no me identifique para nada y que sea algo completamente distinto a lo que he venido haciendo durante estos años.

Regresando un poco a “Terapia Familiar”… Tenemos el dato (y perdona si no fue así) de que el casting, el call back final y el rodaje los hiciste cuando estabas embarazada y luego con tu recién nacido. ¿Cómo fue toda esta experiencia? ¿Cómo has aprendido a habitar la maternidad y la carrera con sensibilidad y autenticidad?

Me voy a ir más atrás. El casting de Terapia Familiar lo hice embarazada, muy al principio de mi embarazo, donde no se me notaba nada. Y yo todavía decía: “Bueno, si me quedo en algún proyecto, chance no se me nota”, sobre todo en películas que son cortas, o sea, que el periodo de filmación son seis semanas de rodaje, normalmente.

Total que pasó el tiempo, pasó el tiempo, pasó el tiempo y no tuve noticias. Y como muchos otros castings que uno como actriz manda, se quedan en el olvido y no tienes respuesta. Yo pensé que iba a ser así.

Un día me marca mi manager, yo con ocho meses de embarazo, y me dice: “Oye, que te quieren ver en callback”. Y yo: “O sea, sí, pero diles que estoy embarazadísima”. Me dijeron: “No, no, ya lo saben, que te quieren ver”. Y para mí eso fue un regalo, porque llevaba mucho tiempo parada, no sé, seis meses sin hacer un solo casting. Ya no sabía cuándo iba a volver, tenía esa incertidumbre de decir: “Híjole, ¿cuándo voy a agarrar un proyecto?, ¿cuándo voy a volver a estar en un set?”. Y el hecho de que me llamaran para ese callback dije: “Bueno, perfecto, pues lo voy a estudiar con todo porque lo quiero”.

Y tal cual, llegué al callback y Mariana, muy linda, habló conmigo y me dijo: “A ver, te quiero a ti, pero quiero saber si tú estás dispuesta a, en cuanto nazca tu bebé, empezar a filmar”. Le dije: “Por supuesto”, ni lo pensé. Entonces empezamos los ensayos cuando mi bebé tenía, no sé, ¿uno o dos meses? Y el rodaje lo empezamos cuando mi hijo tenía tres meses.

Entonces sí, fue un proceso diferente. Fue un viaje en el que, digo, yo no conocía cómo iba a ser de mamá, y fue un proceso de mucho aprendizaje. Iba con mis sacaleches a todos lados porque pues yo seguía lactando y no quería perder esa parte de mi maternidad. Tuve la fortuna de que se rodara en San Miguel de Allende porque mis papás viven ahí, entonces me pude ir a su casa con mi bebé. Mis papás me ayudaban a cuidarlo durante el día y en las noches yo regresaba para dormirlo, darle de comer, acostarlo, etc. Y al día siguiente, otra vez.

Entonces, fue un proceso difícil, fue un proceso de mucho ajuste, pero también fue un “ok, vamos a tomar el toro por los cuernos”. Esta va a ser tu vida de ahora en adelante, porque ni voy a dejar de ser mamá, ni voy a dejar de ser actriz. Entonces, el poder coordinar esas dos facetas de mí fue un proceso interesante. Lo sigo aprendiendo, obviamente. Ya ahorita tengo dos, entonces con más razón lo tengo que seguir aprendiendo. Pero creo que el mejor regalo que yo le puedo dar a mis hijos es que vean a su mamá plena, haciendo lo que ama, e inculcarles también esa pasión por lo que uno hace.

Más allá de los focos, eres ingeniera y estudiaste Arquitectura. ¿Cómo influye esa otra parte de tu formación en tu manera de abordar un personaje o de ver el mundo creativo? ¿Sientes que hay un “método” de actriz que viene de esa disciplina?

Sí, desde muy chiquita siempre me gustó estudiar. Era bastante buena para la escuela, me gustaban los exámenes. Era una niña muy rara en ese sentido.

Pero bueno, lo que me dio el haber estudiado Arquitectura e Ingeniería, creo que más allá de cómo estas dos disciplinas convergen con la actuación, viene más con mi estilo de vida y con mi método en general para trabajar. Creo que me ayudó muchísimo a ser muy disciplinada, a ser muy estructurada y muy organizada también, lo cual a veces me juega en contra, no les voy a mentir, porque soy muy controladora. Pero creo que el tener esa estructura y el poder analizar desde otro lado, que eso te lo da mucho la ingeniería, el poder analizar las situaciones y los problemas desde otro lugar, me ha ayudado mucho también a poder analizar la psicología de los personajes cuando me llegan y hacerlos más profundos. A mí eso es lo que más me gusta: que no se quede solo en una faceta superficial.

A lo mejor, no sé, se nota más en novela porque al final, en un melodrama, pues eres la mala, mala, y luego está la buena, buena. Y a mí me gusta agarrar al personaje y encararlo desde otro lado, desde decir: “Sí, a lo mejor, por ejemplo, en el personaje de Camila en Las hijas de la señora García, sí, es la niña consentida, pero ¿qué hay detrás de esa niña consentida? ¿Qué le duele a esa niña consentida?”. No es que sea mala porque es mala, sino porque ha vivido cosas que la hacen actuar de cierta forma. Creo que en ese sentido es lo que más me ha ayudado y, te digo, sobre todo la disciplina, la organización y la estructura.

Para cerrar este bloque, un poco de juego. Si “Terapia Familiar” fuera una sesión real con un terapeuta y tus personajes Camila, Mary, Gery, Ana, estuvieran en la sala, ¿quién crees que hablaría primero, quién se quedaría callado y quién intentaría mediar? ¿Y tú, Macarena, qué papel tomarías en esa sesión?

En esa sesión de terapia, la que más hablaría definitivamente sería Mary, pero por nervios. Mary estaría nerviosísima, no entendería nada, estaría hablando por hablar. ¿Ubicas a esa gente que se pone nerviosa y no para de hablar? No puede, no lo puede contener. Pues esa sería Mary.

Gery analizaría más. Gery es una persona mucho más analítica y mucho más calculadora, entonces estaría calladita y la soltaría justo en el momento donde menos se lo espera la gente. Esa sería Gery.

Y Camila gritaría, se pararía, daría vueltas y chance le azotaría la puerta al terapeuta y diría: “No, es que te estás mal, tú no me conoces”. Mucho más visceral.

Y, por último, Ana. A Ana le cuesta, le cuesta admitir lo que siente, pero desde un lado mucho más contenido. Ana jamás te va a decir “estoy mal” o “estoy bien”. No suele expresar sus emociones, entonces siento que la que más estaría sacada de onda sería Ana por esto que te comento. Y más bien analizaría todo, lo consultaría con la almohada y a lo mejor al día siguiente le marca de la nada a su terapeuta y le dice: “Oye, estuve investigando sobre tal y tal y tal. ¿Qué crees que me pueda ayudar?”. O sea, es una persona mucho más proactiva en ese sentido y todo lo quiere racionalizar. Esa sería Ana.

Y Macarena… yo creo que sería, bueno, no, un poco de todas. Macarena tiene mucho de Mary en ese sentido: también cuando me pongo nerviosa, no puedo dejar de hablar. Y de Ana también tiene esta parte de que todo lo investiga; últimamente ChatGPT es mi mejor amigo y me da mucha curiosidad todo, entonces todo lo busco y quiero saber más, no me quiero quedar ahí. Y, por otro lado, también de Gery, soy muy analítica. No soy tan calculadora porque no me da la malicia, soy bastante naif en ese sentido, pero sí, sí estaría analizando la situación. Primero calladita y después la soltaría, porque también soy así.

Creo que al final tengo un poco de todas y todas tienen un poco de mí.

Para conocer un poco más a Macarena

¿Cuál es esa serie o película que puedes ver mil veces y que siempre te hace sentir como en casa?

Más que sentirme en casa, mis dos pelis favoritas son: Sur Mes Lèvres y Cidade de Deus.

Si tu vida fuera una película, ¿qué canciones serían el intro y para los créditos finales?

La intro sería Fui a Buscar al Sol de María Rodés, y los créditos finales, Como Si Fueras a Morir Mañana de Leiva.

¿Un vicio inconfesable en el set de grabación?

Siempre tengo un termo de café. Es mi obsesión número uno.

¿Qué es lo más raro que has googleado para preparar un personaje?

No sé si raro, pero lo más duro: tuve que googlear cómo era un parto en casa (esto mucho antes de ser mamá). Fue para un proyecto que se llama Decisiones, dirigido por Carlos Bolado.

¿Un consejo que te darías a ti misma como mamá y actriz?

¡DISFRUTA! Muchas veces, cuando estoy en proyecto, añoro estar en mi casa con mis hijos; y cuando estoy con mis hijos, añoro estar en el set. Soy una persona muy ansiosa y que siempre quiere estar haciendo cosas. Siento que es la raíz de mi incapacidad por disfrutar el momento.

 

Sigue a Macarena en Instagram: @maca_miguel

 

Créditos

Foto: Cesar Larenaudie @cesarlarenaudie

Makeup and Hair: Itzel Pacheco @itzelpachecomua

Stylist: Brenda Miranda @brendmirand

RP: @jerryml1 @royito @aquilesrdp

Entrevista: David Patiño Torres @bavidbavid